Dicen los que Saben que su gestión acumula más silencios que pronunciamientos, más evasivas que acciones y más dudas que resultados. Una constante que ya empieza a pesar.
En los temas espinosos —esos que exigen carácter, firmeza y voz pública— le pasa de largo. Como si no fueran con ella. O peor aún, como si no existieran.
Porque cuando toca rendir cuentas, la presidenta de la CDH en Puebla parece haber perfeccionado el arte de esfumarse y evitar, a toda costa, los posicionamientos.
A la titular de la CDH habría que hacerle una sola pregunta. Breve. Incómoda. Necesaria:
¿Defiende o no los derechos de los poblanos?
Y créame que la respuesta no entusiasma.
No tranquiliza.
Y desde luego, no convence.
Sino pregúntele a las víctimas, esas que no guardan silencio: reclaman, exigen y denuncian la falta de acompañamiento y una atención que nunca llega.
Eso sí, tiempo no falta para eventos, foros, ceremonias y fotos. Muchas fotos. La agenda social llena. La institucional, en pausa.
Y entonces la pregunta vuelve, incómoda y persistente:
Rosa Isela Sánchez Soya.
¿Realmente vigila los derechos humanos en Puebla?
Porque Dicen los que Saben que una presidenta así deja más dudas que respuestas.
Y todo parece indicar que el cargo le quedó grande.
¿O no?
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