En un operativo conjunto, la Fiscalía General de la República (FGR), la Secretaría de Marina (SEMAR) y la Policía Estatal aseguraron el inmueble, que operaba como una "granja" clandestina de criptomonedas.
En el lugar hallaron infraestructura de nivel industrial: cerca de 300 tarjetas de procesamiento gráfico (GPU) operando de manera continua, un transformador de pedestal, alrededor de 80 terminales de media tensión y ocho antenas de internet satelital para garantizar su funcionamiento las 24 horas del día, los 7 días de la semana.
El proceso requiere supercomputadoras para resolver algoritmos matemáticos, validar transacciones y obtener recompensas en criptomonedas. Para este procedimiento se utiliza una alta demanda de energía eléctrica y sistemas de enfriamiento especializados, equipo que se encontraba instalado en la zona serrana.
La FGR indaga no solo el robo de energía eléctrica mediante conexiones clandestinas, sino el destino de los recursos. La principal hipótesis de las autoridades apunta a que los activos virtuales generados eran utilizados para el lavado de dinero de origen ilícito.
