La indignación se ha desatado con furia en las plataformas digitales tras la difusión del conmovedor testimonio de Martha Diana Flores Gutiérrez, oficial de la Policía Auxiliar de la Ciudad de México. Entre lágrimas, la agente destapó el infierno institucional que vive tras ser diagnosticada con c cáncer, enfrentando no solo a la enfermedad, sino al más cruel abandono y hostigamiento por parte de sus superiores.
Lejos de recibir el respaldo que cualquier ser humano merece en una situación de vida o muerte, Martha Diana ha tenido que lidiar con un muro de trabas burocráticas para obtener sus licencias médicas. La institución, con una indolencia que hiela la sangre, le exige presentarse a trabajar a pesar de tener un cuerpo devastado por el tratamiento, amenazándola sutilmente con mermar su sueldo o arrebatarle su puesto si se atreve a faltar para salvar su vida.
Ante la presión mediática, la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) emitió una de esas famosas "Tarjetas Informativas" que parecen escritas por un guionista de comedia negra. En un ejercicio digno de aplauso por el descaro, la institución decidió que la mejor manera de responder a una enferma de cáncer que ruega por sus quimioterapias es... culparla a ella de todos sus males.
"La culpa no es de la falta de empatía, ni de los jefes despiadados, ni del sistema de salud: la culpa es de la propia oficial por tener la osadía de sufrir ansiedad y, peor aún, ¡por querer doblar turnos!", parece insinuar el documento oficial.
Con un tono que roza el absurdo, la SSC intentó lavarse las manos bajo los siguientes argumentos magistrales:
El diagnóstico invisible: Según la dependencia, cuando a la oficial le dio una crisis de ansiedad y pidió una ambulancia, los paramédicos determinaron que, como tenía cáncer, mejor se fuera a su clínica. ¡Problema resuelto por arte de magia!
En un giro argumental de película, la institución asegura que a Martha Diana se le ha dado "todo el apoyo", pero que ella, por voluntad propia, decide desobedecer las recomendaciones médicas para doblar turnos. Sí, leyó bien: según la SSC, una mujer enferma de cáncer se pone a trabajar horas extra por puro gusto, y no porque las presiones laborales y la necesidad económica la arrinconen a ello.
El comunicado detalla con orgullo burocrático cada vez que la oficial rechazó irse en una patrulla común o a su casa, omitiendo convenientemente que lo que la agente exigía eran sus derechos laborales, licencias médicas dignas y acceso real a su tratamiento oncológico, no paseos en vehículo oficial mientras su salud se desploma.
Mientras la SSC redacta justificaciones dignas de premiación en cinismo, la vida de Martha Diana corre peligro. La exigencia ciudadana es contundente: basta de hostigamiento laboral, basta de simulación institucional y basta de criminalizar a los elementos de seguridad cuando la enfermedad los coloca en la lona. La salud y la dignidad humana no pueden estar sujetas a la fría conveniencia de un tarjetón informativo.
